Columna de Ximena Abogabir: Adaptarse es sobrevivir - Día Mundial de Internet

 

 

Dicen los entendidos que la famosa frase de Darwin “sobreviven los más fuertes” corresponde a una mala traducción, como muy a menudo ha ocurrido en la historia. Lo que el investigador habría querido decir es que “sobreviven los que se adaptan”.

La humanidad ha experimentado profundos cambios a lo largo de sus 10.000 años de historia. La diferencia con la Cuarta Revolución Tecnológica es que esta vez no tuvimos tiempo para adaptarnos. Sin que nos diéramos cuenta, la aparición de los computadores personales e Internet trastocaron todos los ámbitos de la vida. Cambió profundamente nuestra forma de informarnos, comunicarnos, coordinar acciones, trabajar, comprar y todo lo demás. Para bien y para mal.

 

Si bien las nuevas tecnologías ofrecen mejorar el nivel de vida de los ciudadanos, las personas mayores estamos en una posición desventajosa para “surfear la ola del cambio”, simplemente porque no somos nativos digitales y nos hemos ido alfabetizando, con mayor o menor dificultad, según las posibilidades y circunstancias de cada uno. Según datos de 2017 para Chile[1], el 37,1% de los chilenos entre 65 y 69 años navega por la red y sólo el 9,8% con 80 años y más. Por su parte, el 60% de personas entre 61 y 75 años “nunca ha utilizado un computador”, correspondiendo mayoritariamente a sectores de ingresos bajos y medios bajos, lo que coincide con su menor acceso a la educación.

 

La eventual tentación de tomadores de decisiones de considerar a la generación 60+ como “desechable”, atentaría contra los derechos humanos de personas que han dedicado la mayor parte de sus vidas a trabajar, y que ahora eligen seguir haciéndolo -aunque no tuvieran necesidad de hacerlo- con el objetivo de cuidar su salud financiera, mental, física y relacional.

 

La discriminación por edad; el maltrato físico, psíquico y moral; los estereotipos; la restricción a la educación continua, y la vulneración de su autoestima, requieren ser evitados. En este último ámbito, debe ser cautelado su derecho a aprender con metodologías adecuadas a su condición, a elegir el método por el cual comunicarse, aprender y participar en la sociedad; a proteger su independencia y privacidad, sin asumir que sus familiares y/o amistades se pueden enterar de información privada, como la salud o las finanzas; y, finalmente, su dignidad, al no sentirse discriminados antes su negativa o dificultad para operar digitalmente.

 

 

 

[1] Fundación País Digital (2018). Brecha en el uso de Internet: una expresión de la exclusión social

 

 

 

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