Editorial - Visita a Fundación Las Rosas, fin de agosto, 2020 José Luis González


Aún cuando creamos que nuestra experiencia más sorprendente no será superada, una y otra vez constatamos que hay nuevas experiencias, nuevas sorpresas, caminos y opciones, si estamos abiertos a experimentarlos.


Cuando creíamos superados momentos tristes y violentos hace casi un año en nuestro país, abriéndose nuevas posibilidades y búsquedas, sobrevino abruptamente la crisis sanitaria y económica en la que hoy estamos sumidos. Se generó profunda incertidumbre, casi incredulidad y miedo, virtual inmovilidad por el confinamiento, incluso discriminación vía la infantilización de personas mayores de 75. Al mismo tiempo, se ponían en marcha planes inéditos, formas de proceder innovadoras, exploración aventurera de las tecnologías, puesta al día acelerada en estas, creatividad, innovación y aprendizaje. Pese a todo, cual más, cual menos, en Travesía100 continuamos en movimiento.


Hemos experimentado una actividad creciente, con cursos desarrollándose, acompañamiento telefónico a personas solas que lo requieren, Círculos de Conversación y Reflexión y muchas otras actividades, además de alianzas con diversas instituciones materializándose en función del propósito de cambiar la visión de la sociedad hacia un segmento de personas cada vez más relevante y numeroso, y donde estamos empeñados en derrotar el edadismo y la infantilización para tener, como siempre la hemos tenido, una vida activa y con propósito.


Sorprendentemente, en medio de toda esta actividad, nos llegó una invitación a visitar virtualmente, vía Zoom, un hogar de la Fundación Las Rosas. Sonaba extraño y en nosotros, querámoslo o no, vino a la mente la imagen de mujeres postradas o con muy poca movilidad, asistidas y con una mínima interacción con otras personas; pertenecientes a la minoría vulnerable y no autovalente de las personas de mayor edad. Y resulta que la realidad es muy distante de eso; sorprendente y acorde con la realidad de la mayoría de las personas 60+ hoy día.


Nos conectamos ese día temprano en la tarde, por Zoom; no fue del todo fácil que pudieran hablar cada una para compartir, pero hubo mucha diligencia de las personas que trabajan en la Fundación y entonces, nos vieron en una gran pantalla conectada al computador y hablaron cada una por un teléfono conectado; ¡Inteligente solución!


Fue sorprendente y mágico, constatar la energía, vitalidad, entusiasmo, más allá de la tecnología, la que parecía lo más natural para ellas esta reunión vía internet; fue entusiasmo por la visita, por presentarse, contar su historia de vida, experiencias, anécdotas en pandemia y vivencias durante el encierro, incluso ¡una de ellas recuperada del Covid-19! En fin, por más de una hora conversando y ¡hasta cantando! Juanita Alvarez interpretó con su acordeón tres conocidas canciones que todos cantamos y hasta bailoteamos sentados, siguiendo el ritmo con los brazos y haciendo palmas.


Mágicamente se creó un lazo esa tarde, hubo una atmósfera de calidez y cercanía que superaba la distancia física y que tiene que ver con el espíritu de personas que nos juntamos, para conocernos, conversar y pasar un rato cantando. En el plan, nosotros íbamos a visitar personas en un “hogar de ancianas” y en la realidad, fue un encuentro entre personas pares, todas iguales.


Por lejos, quienes visitamos fuimos las personas más beneficiadas, sorprendidas y emocionadas. Nos costaba creer la atmósfera que se suscitó y la alegría y expansión del alma que nos generó.


Una vez más, quizás, comprobamos lo lejos de la realidad que están los estereotipos creados sobre las personas de mayor edad cronológica, pero de espíritu intacto y alegría de vivir. Luisa, Irma, Cristina, Magdalena, Loreto, María, Gloria, Lidia y Malva, entre otras, obviamente lo confirmaron con creces.